A seguir escribiendo...

En algunas columnas he tenido éxito, otras fueron polémicas y tuve la razón en muchas. En otras me equivoqué, pero aquí están para que todos las revisen, las comenten y las critiquen.

jueves, junio 07, 2007

La estrategia de Caracol

Foto: By DAYAcolombia
Si honestamente hay un compromiso con la verdad, éste debería empezar por casa y no simplemente con muestras de otros, a quienes consideran valientes por destapar su intimidad ante un país entero.

Dentro de las innumerables estrategias que el Canal Caracol ha inventado para atrapar televidentes, se encuentra ahora el programa Nada más que la verdad, copia, claro está, de otro norteamericano que, según dicen, cautivó a muchos pero luego se vino en picada.

Parece ser que lo mismo va a pasar con nuestro clon colombiano, pero eso es lo de menos, aquí lo que importa es cómo desde hace largo rato, Caracol ha venido jugando con el televidente, cómo lo ha venido engañando, de qué manera tan patética lo hacen creer cosas que no pasan, y cuánto lo ha irrespetado con tanta chabacanería, con tantos don “Jediondos” y con tantos cambios en su programación sin previo aviso.

Vamos por partes. Desde la inauguración de los canales privados, tanto RCN como Caracol, con el legítimo ánimo de captar audiencias, han presentado desde testimonios insólitos, por lo inverosímiles, como el de Virginia Vallejo, hasta la estupidez absoluta representada, en carne y hueso, por un “actor”, símbolo de la ordinariez y la vulgaridad, que dice llamarse humorista pero que en vez de risas causa repulsión y asco. Lo único que realmente está acorde con su personaje es el nombre, hediondo, por decir lo menos.

Errorcitos como estos no pueden menos que hacer pensar dos cosas: o que nuestro país se entretiene con lo más asqueroso de la miseria humana o que definitivamente los “creativos” de los canales, lo son, pero para introducir malos formatos de otras latitudes o que no tienen lo suficiente de ingeniosos para lograr, con inteligencia, altura y clase, cautivar a un público que contrario a lo que se cree, está pidiendo más cosas para pensar y menos para vomitar.

Y no sólo esos son lo errores, veamos: hace un tiempo en el mundo de los comentaristas deportivos, se le conocía al “doctor” (no se sabe en qué, pero doctor) Carlos Antonio Vélez como el señor “palabra de Dios”, ese apelativo se le queda corto hoy a Javier Hernández Bonnet a quien deberían simplemente llamarlo Dios. Sólo a él se le ocurre, con sus comentarios absurdos, decir que hay que ceñirse al manual del jugador de fútbol y que en virtud de eso, quienes practican ese deporte, deben patear el balón con la parte superior del dedo meñique del pie derecho, en un tiro directo o en cualquier otra jugada. O que, por ejemplo, Blas Pérez, en un partido reciente de la Copa Libertadores, y en un momento realmente difícil para la consecución de un gol, debió, en el aire, retroceder, hacer los movimientos para cabecear, es decir, seguir al pie de la letra del tal manual , los tres tiempos que desde la fundamentación futbolística un jugador debe saber y proceder a realizar el cabezazo. Con ello, dijo el comentarista, hubiera enmendado el error que cometió y tal vez hubiera anotado un tanto, que para Bonnet, según el “análisis” era pan comido. Suma sapiencia.

Pero bueno, quizás no tenía nada más que decir y como muestra de su posible frustración como técnico de fútbol, se le vino a la cabeza semejante idiotez.

Siguiendo con la colección de falsedades y con la muestra de tonterías podríamos citar estas otras perlas: Ahora le dio a Jorge Alfredo Vargas, uno de los peores presentadores de toda la televisión colombiana, según me enteré, dicho por la mismísima Negra Candela, por entrevistar en su Mesa de Noche a nadie más que a doña Clara de Rojas, la abuelita tierna de un niño que nadie sabe si realmente está disfrutando de un paraíso en la libertad que otros no tenemos y que añoramos o en la paz que quizás no entendemos.

¿Quién ha dicho que al niño Emmanuel lo tienen en las mismas condiciones en las que está su madre? No lo sabemos, lo que sí podemos inferir, sin mucho esfuerzo, es que una entrevista signada por el dolor de una madre o de una abuela, no puede más que generar lástima y compasión y no una verdad que en aras de un buen periodismo debería primar en un programa conducido por un periodista. Jorge Alfredo está haciendo lo mismo que suponemos critica en las aulas universitarias, es decir, preguntándole a alguien que sufre qué siente.

Y sieguen más detallitos, qué pena Jorge Alfredo pero son suyos. Miren la siguiente declaración de Carolina Cárdenas, una participante del programa Nada más que la verdad, publicada el pasado viernes primero de junio en la sección de farándula de El Tiempo.com:

"Es decir, una cosa son las preguntas del cuestionario, otras las que le hacen a uno en el polígrafo y otra las que contesta uno en el programa. Por ejemplo, a mí en el cuestionario nunca me preguntaron si había abortado. Y en el programa, cuando me hicieron la pregunta "¿Usted aprovecha su cargo de auditora para asuntos personales?", dije que no. Pero ahí dijeron corten y Jorge Alfredo me dijo: tienes que decir que sí".

¿Cómo así? ¿Y acaso una funcionaria del canal, según escribió el editorialista del mismo diario en su nota del 5 de junio, no dice que “se trata de una contribución a un país que "está hablando de decir la verdad"” ?.

Sigamos. Lo de los noticieros del canal es cuestión de profesionalismo y de buen juicio periodístico. Vamos sólo a hablar de los llamados extras, a los que me he referido en otros espacios como un elemento poco serio que lo que procura antes que dar una información de última hora, es llamar la atención con noticas de poca monta. La gente se pregunta si de verdad es más importante hacer un gran despliegue técnico y humano para mostrar la liberación del “canciller” de las FARC o si realmente es mucho más importante, por ejemplo, dedicar todos los esfuerzos a profundizar la noticia de un atentado contra un viceministro de educación. Como parece ser que el show vale más que la vida, pues el tratamiento que se le da a la información en el Canal Caracol, no podía ser otro.

Por su parte Amparo Pérez hace lo que puede como empleada del canal. Cree que llevando a su programa Doble Vía al hediondo humorista o al presentador de la verdad entredicha para que den explicaciones de algo que a simple vista la tiene, convence a los televidentes con su supuesta defensa de los mismos cuando se sabe que lo que se busca con ese espacio es la defensa del mismo canal.

Hay que rescatar, de todas formas, lo que precisamente en Doble Vía dijo el pasado miércoles 6 de junio, Camilo Durán, compañero de la mesita de noche de Jorge Alfredo y vicepresidente de Asuntos Públicos del canal: el morbo hace parte de la condición humana. Estamos de acuerdo, los seres humanos tal vez somos más hediondos que “Don Jediondo”.


Podríamos seguir enumerando joyitas y perlitas pero para no ahondar en temas como su gobiernismo, por ejemplo, resumo diciendo dos cosas: la gente no es boba, así parezca y al cliente (en este caso televidente) hay que tenerlo satisfecho o por lo menos respetarlo. Segundo, si Caracol continúa con esa mediocridad, lo mejor sería que en serio, implantara una estrategia como la del caracol, o sea, que dejara caer un buen muro en el interior de sus instalaciones a ver si alguien despierta aunque sea por el ruido.

lunes, mayo 28, 2007

Radio Caracas Televisión: faltó negociar

Foto: By cjcam
La desaparición de un medio de comunicación, sea cual fuere, y máxime uno de la trayectoria del canal venezolano, es una pérdida irreparable para la libertad de prensa y de expresión en cualquier lugar del mundo.

Los motivos pueden ser los que sean: oposición al gobierno, vencimiento de un contrato, quiebra o censura. Lo que sí se debe pensar es cómo evitar llegar hasta los límites que hemos presenciado este domingo.

No podemos admitir, quienes nos llamamos comunicadores o periodistas, que nuestro trabajo y nuestra responsabilidad se vean menguados o coartados por un Régimen o por quien sea. Pero tampoco, y en aras de la autorregulación, podemos atentar contra quienes ostentan el poder, porque caemos en la trampa.

Un canal golpista, tal y como lo ha llamado Chávez, es insostenible en cualquier país, por eso, por la visión que de él tenía el presidente venezolano, no se sostuvo. Igual que una dictadura que a todas luces atenta contra el ciudadano en un verdadero Estado de Derecho.

El periodismo es un instrumento que debe ser artífice del bienestar de las mayorías, debe orientar y dar herramientas de juicio a su público para que actúe, necesita dentro de sus huestes personas no sólo que escriban bien sino que sean capaces de interpretar, razonar y que posean además un bagaje cultural amplio con el cual dejen tanta información y se dediquen a la explicación.

Con estos elementos, esta profesión u oficio, o como se le quiera llamar, está llamada a convertirse en un ingrediente vital en el trasegar cotidiano de la gente. Denunciar la corrupción, denunciar las muertes cobijadas por la impunidad, las injusticias y en general todo lo que atente contra la dignidad humana, está por encima de cualquier cosa.

De esta forma, que las directivas y periodistas de RCTV hayan puesto en riesgo, por falta de prudencia, la existencia del canal es, así suene paradójico, censurable. Por supuesto que la actitud del coronel lo es aún más, a esta reencarnación de Bolívar le faltó sensatez y le faltó además, negociar con el medio de comunicación.

Un arrepentimiento de última hora, con una advertencia, como es de suponerse que lo habría hecho, lo hubiera dejado como una persona con corazón, como un individuo capaz de escuchar a la oposición, como un hombre que de verdad está interesado en una justicia social, como un líder que admite sus errores y como un auténtico Jefe de Estado que no sólo busca su interés personal sino que escucha a la comunidad internacional y actúa en beneficio de su pueblo.

Colegas comunicadores y periodistas, que se entienda bien que hay que saber jugar con las fichas que uno tiene y no que se piense que el mantener a toda costa la señal, en este caso, de un canal, sea entregarse o venderse al Régimen. Aquí quien supo jugar y muy bien fue, aunque doloroso aceptarlo, el presidente Hugo Chávez. Tal como sucedieron las cosas, no cerró el canal, lo que hizo fue no renovarle la concesión. Mejor dicho, como diríamos en Colombia, aprovechó el “papayazo”.

No hablo de negociar la información, hablo de saber manejarla, de mostrar, de denunciar pero con tacto, con total sigilo, con guantes de seda, para que se note, sin necesidad de alharacas o aspavientos, lo que está mal y cómo poder solucionarlo.

¿Qué es mejor estar al aire o denunciar sin señal? En este caso, el fin justifica el medio. Se trataba de hacer las cosas con discreción, de mostrar, sin el peligroso juego de las palabras, lo que no consideraban como un buen gobierno.

Tal vez muchos aducirán que las cosas hay que decirlas de frente y estoy de acuerdo, pero en esta situación, la diplomacia, la verdadera diplomacia tenía muchas cosas que ofrecer. Hay miles de formas de hacer visibles los acontecimientos. Creo que los comunicadores estamos en condición de eso.

Hacer oposición es saludable y es benéfico para un país. Pero hay que saberla hacer, es importante no caer en las trampas, no jugarle a la provocación, no retar al que de una u otra forma nos puede destruir.

No se preocupen, aquí no hay palabras cifradas. Creo que en este artículo no hay que obrar con manos de cirujano o con herramientas de semiótico.

lunes, abril 23, 2007

Amar lo que se conoce: primer paso para una lectura eficaz

Foto: By NetEng


Como una forma de entrar en la celebración y, por supuesto, con el ánimo de participar en las actividades bogotanas, en el marco de la designación, por parte de la Unesco, de la ciudad como Capital Mundial del Libro, presento a continuación un texto escrito hace unos meses, pero que viene como anillo al dedo y quizás sirva como una puerta de entrada hacia la lectura, en quienes no la practican frecuentemente, o como un recordatorio y un reafianzamiento en ella para aquellos que son sus frecuentes visitantes. Ofrezco, de antemano, disculpas por su extensión, tal vez demasiado amplia para un blog, pero mínima si se tiene en cuenta la importancia del tema.


Tal vez sea una simple frase de cajón pero realmente es muy difícil llegar a querer o a amar lo que nunca hemos tenido. Pero también lo es obligar a alguien a que lo haga .

Quizás con este título, un poco simple, se les venga a la mente de muchos, una serie de ideas sobre el amor. Posiblemente pasen por sus cabezas recuerdos de relaciones tormentosas, idílicas, platónicas o definitivamente constructivas y trascendentales.

Definir el amor es muy complejo. Infinidad de autores han tocado el tema. Sin embargo, lo que me preocupa hoy es poder contar lo importante, lo vital y casi lo imprescindible del amor o de la relación, si se quiere, entre hombre y libro. Ese puede ser un primer paso para poder llevar a cabo una lectura eficaz.

Es de ese amor del cual quiero hablar, de esa pasión que muchos sienten cuando acarician con sus manos y sus ojos las páginas de un texto. Pero no puedo hablar del amor sin tocar el odio. En todos existe ese sabor más agrio que dulce y en todos, por imperfectos, una preocupante bipolaridad que nos lleva de la euforia a la más aniquilante desolación.

Por eso, y por múltiples motivos de enseñanza y de aprendizaje, muchas personas no sólo no gozan con la lectura sino que además, caen en el abismo tedioso y calamitoso de la lectura obligada. Y terminan odiándola, aborreciéndola, detestándola.

Se privan así de los grandes placeres, del goce, de la inmensa riqueza que se puede obtener cuando logramos penetrar en los más recónditos rincones de las letras y las páginas.

Pero el odio no nace porque sí. Lo crea la obligatoriedad. Lo crea la presión, la amenaza, la retaliación. Desde niños hemos tenido que leer así muchas veces no hayamos querido. El Gato con Botas o Platero y yo, o quizás La Cenicienta o textos escolares como Nacho Lee fueron impuestos por nuestros profesores aunque no nos gustaran ni los gatos, ni las botas, ni los burros y sin querer entablar alguna amistad con el tal Nacho.

A la brava, muchos fueron introducidos en forma abrupta en el mundo de la lectura y hoy, con esos odios reprimidos, con esos recuerdos tenebrosos de hojas que pesaban más que la incesante búsqueda de la felicidad, aquellos quienes soportaron la ira del libro, continúan su calvario, en contravía del placer, por un camino agreste que los conducirá al saber.

Irónico pero cierto. Ese saber también debería descubrirse con alegría, con amor, con felicidad. Qué lástima que el conocimiento, según muchos, se obtenga únicamente con lecturas obligadas.

Habría que preguntarse primero qué es lo que se quiere conocer y qué métodos vamos a utilizar para ello. Hemos dicho, hasta ahora, que es importante amar el texto, de la anterior afirmación, podríamos deducir el segundo paso. Pero entendamos que de ninguna manera se pretende deslegitimar la lectura ni llegar a decir barbaridades que conduzcan al abandono de la misma. Por el contrario, de lo que se trata es precisamente de motivar esa lectura. Pero hay que ser claros: no se motiva a nadie obligándolo a realizar algo que no quiere.

Ahí es donde puede estar la fórmula y es ahí, quizás, donde se descifra esa eterna pregunta: ¿pero por qué la gente no lee?. Respuesta: ¿Le gustaría a usted tener que desarrollar trabajos forzados?

Bogotá ha sido designada por la Unesco, para el año 2007 como la Capital Internacional del Libro. ¡Qué buena noticia! Pero, ¿es real tanta dicha? Pese a que definitivamente se han hecho varios esfuerzos para que la gente lea, como llevar a cabo campañas como Libro al Viento o abrir bibliotecas públicas, los índices de lectura distan mucho de los de países desarrollados. Hasta hace unos tres años mientras en Europa el promedio de libros leídos al año era de 13 o 14 en Colombia si acaso llegaba a 2, eso obviamente entre los lectores, sin saber qué sucede con el grueso de la población.

Cuando uno como docente universitario indaga a sus alumnos sobre lo que han leído, encuentra que los que realmente lo han hecho, resaltan precisa y principalmente las lecturas obligadas del colegio o las que han tenido que leer en semestres anteriores, pero son muy pocos los que le citan a uno con orgullo autores desconocidos para el común, los que hablan con amor de lo que los libros le han dado para su vida, los que critican con argumentos a un escritor, los que contradicen cosas cotidianas con bases teóricas, o quienes construyen porque están motivados por un texto.

Posiblemente sea esa obligatoriedad la que no ha dejado que se descubra ese verdadero amor por la lectura. Cómo podemos pedir amor por algo que se tuvo que integrar a nuestras vidas a la fuerza. Eso algo así como consentir una invasión. Es como enamorarse del que tocó en lugar de permitirse que se sienta cariño por lo que nos atrae, lo que nos incita, lo que nos provoca, y por qué no lo que nos excita.

¿Se acuerdan ustedes con cuánto esmero y con cuánta dedicación muchos de sus padres y sus maestros estuvieron pendientes de lo que debían leer o no? Con toda seguridad nos escondieron textos, nos dijeron que leer x o y libro no estaba bien, en pocas palabras, nos hicieron saber que existían muchas “lecturas prohibidas”.

Pero dicen algunos que lo prohibido es lo más deseado. En cuanto a lectura se refiere, tal prohibición debería prohibirse. Leer no mata y al hacerlo no se le hace daño a nadie. Pero hay que hacerlo bien, hay que tener en cuenta que la lectura, ante todo, es comprensión e interpretación (Galvis, Perilla, Vega, 2005). Lo que sucede es que desconocemos, así como cuando se habla de la influencia de la televisión en los niños, que básicamente es cuestión de orientación y de diálogo, que la lectura es un proceso que comienza en casa, mejor dicho que hace parte de nuestra formación, en últimas que uno no puede amar algo que no conoce. Lo que no quiere decir, por supuesto, que aquellos que no han tenido el ejemplo, no tengan ahora la oportunidad de comenzar. Qué otra labor es la nuestra como docentes de Comunicación Escrita y Procesos Lectores que la de hacer que una persona llegue a tener una hermosa relación con los libros. ¡Qué orgulloso me sentiría si algún día me comparan con La Celestina, sólo que en este caso mi complicidad sobrepasa la piel y se inmiscuye con el papel.

Si uno no ha visto en su casa que alguien lee algo, es muy difícil que se interese por la lectura. Es algo así como lo que últimamente han dicho psicólogos y psiquiatras sobre el maltrato intrafamiliar, un niño maltratado tiene todas las condiciones para ser, en el futuro, un hombre que maltrata. O sea, y para nuestro caso, un niño que vio leer, posiblemente sea un hombre lector.

En muchas ocasiones y en aras de mi oficio, varias personas me han preguntado qué es lo que hay que hacer para leer, para interesarse por eso, qué es lo que uno debe leer y cómo debe enfocar sus lecturas.

Desde mi humilde punto de vista y con base en la experiencia y en textos como el de Rodrigo Villacís Molina, Lea, Piense y Escriba, puedo decir lo siguiente: en primera instancia hay que saber que existen cuatro tipos de lecturas, según el autor de marras: la lectura de comprensión, la de interpretación, la de cuestionamiento y la de construcción.

Como su nombre lo indica, la de comprensión consiste o mejor, se define como aquella que se hace y al final se logra un alto grado de entendimiento. Cuando leo y logro entender. Otro autores hablan de la prelectura (Galvis, Perilla, Vega,2005) o sea la que define el propósito de la misma, la que nos lleva a indagarnos sobre el autor, quién es, de dónde es, cuál es su entorno y su contexto político y social, la que nos genera dudas e incertidumbre y nos lleva a preguntarnos qué sabemos de los que vamos a leer, qué conocemos, cuánto manejamos el tema.

La segunda no sólo se basa en la comprensión sino que añade la interpretación, es decir, darle sentido a algo. Cuando leo y entiendo, pero además soy capaz de explicar eso que leí. Podríamos introducirnos entonces en la lectura como tal, o sea, en el proceso a través del cual, identificamos afirmaciones, o contenidos principales, determinamos la organización del texto, controlamos la comprensión o la medimos y relacionamos la información con nuestros conocimientos previos. Aquí ya entramos un poco en un proceso hermenéutico que en palabras de Hans George Gadamer se resume en entender que “el hombre no sólo va...tiende a... sino que viene de...”. Por tanto, en este paso, debemos ser capaces de explicar o declarar el contenido de un texto, explicar acciones, hechos o sucesos que pueden ser entendidos de diferentes formas. Concebir, ordenar, o expresar de un modo personal la realidad (http://www.rae.es/ ).

Por eso, cuando se lee, uno debe hacerse preguntas y entrar de lleno en la interacción con el autor.

Posteriormente, y concatenándonos con lo antes expresado, viene la lectura de cuestionamiento o sea aquella en la cual indago al autor frente a lo que dice, lo interrogo, comparo lo que escribe con lo que yo sé, con lo que he vivido, asumo posturas frente al texto, creo a medias, no como entero, investigo, profundizo, tomo para mí lo que me sirve y desecho lo que no, releo, pregunto, leo a otros autores para corroborar o contradecir al primero, pienso, reflexiono, analizo.

Y por último la lectura de construcción que consiste precisamente en construir o crear cosas con base en la lectura. Cuando soy capaz de tomarla como referente para poder escribir nuevos textos. Un poco lo que estoy haciendo con éste. En esta etapa podemos de nuevo citar a Galvis a Perilla y a Vega: Lo último es la poslectura. Algo así como una etapa de evaluación o de control, en ella, hago cuadros sinópticos, reseñas, resúmenes, mapas conceptuales con el fin de hacerme a una idea mucho más amplia y concienzuda del texto.

Fíjense ustedes como el proceso lector pasa por varias etapas y fíjense además como leer no sólo es recorrer con la vista un poco de palabras sin descubrir su verdadero fin.

Lo que tenemos que preguntarnos cuando vamos a leer es qué busco o qué quiero encontrar en un libro o en un determinado documento, fotocopia, texto o como quiera llamársele.

En segunda instancia y para tratar de responder a esas preguntas que con frecuencia se me hacen, debemos decir que en la medida de lo posible no se debe leer algo por obligación. Quizás muchos académicos pondrán el grito en el cielo pero creo que se ha dicho suficientemente que lo obligado en lugar de motivar, genera una carga demasiado pesada de llevar. Por supuesto que cuando hablamos de la academia nos veremos siempre en la obligación de citar muchos autores y muchos libros pero hay que tener en cuenta que los que citamos no necesariamente son los únicos que existen. Recomendar textos, si uno los ha leído, sería la idea adecuada. De lo que se trata es de poder, con base en las experiencias personales textuales y también con base en la vida misma, construir nuevas cosas, proponer, defender, criticar, analizar, argumentar.

De lo que se trata, y así se lo he dicho a mis estudiantes, a quienes no llamo alumnos sino interlocutores, tal cual me lo enseñó Daniel Prieto Castillo, comunicador social argentino y autor de varios textos, es de que cada uno de ellos lea lo que quiera, lo que lo apasione, lo que lo emocione, lo que le haga sentir placer y alegría, lo que lo incite, lo provoque, lo confunda, lo inquiete, lo motive. Que lea con entusiasmo no para ser interrogado sobre eso que leyó sino para que le sirva en la construcción de su vida y su futuro profesional y personal. Ahí es donde radica la importancia de la lectura.

Que sepan que la lectura es la herramienta sin la cual no pueden ser competentes ni competitivos en este mundo cada vez más globalizado.

A mi me ha funcionado la estrategia de decir en clase que quien lea algún texto, pueda explicarlo, compararlo con su proyecto de vida y por último crear nuevas cosas soportado en ese mismo texto, ha dado un gran paso para poder enamorarse de los libros, pero que quien no avance en ese proceso no sólo va obtener una baja evaluación, cosa que sería lo de menos, sino que definitivamente va a perder la oportunidad de crecer como individuo y como profesional. Es el estudiante quien sabe a qué va a una clase.

Una última cosa que quiero compartir con ustedes es la importancia que tiene el hecho de leer periódicos. De moda se ha puesto esa frasecita de que hay que hacer una lectura de todo: “haré la lectura de esa obra teatral”, “Tendré que hacer una lectura sobre su vida”, “hay que hacer la lectura de esos comportamientos”, mejor dicho hay que leer todo. ¡Qué maravilla! Si así es la cosa, pues también leamos los periódicos para poder leer la vida.

No voy a entrar en la discusión trivial de si lo que dicen los medios es o no cierto. Eso se queda para otros espacios. Lo que si diré es que por lo menos debemos saber en dónde estamos parados, en qué mundo vivimos, qué pasa a nuestro alrededor, qué pasa con la política, con la artes, con la cultura, con la economía o con la cotidianidad y eso, mal que bien, nos lo dan los periódicos.

Tampoco haré el análisis de si están bien escritos o fallan en su redacción y gramática. Lo que busco es que entendamos el contexto, que entendamos lo que pasa y que juzguemos o alabemos con criterio. Por ejemplo, si le interesa el tema del conflicto del Medio Oriente, por qué no busca un texto que le ayude a entenderlo. Si su interés es la cultura por qué no consulta autores que toquen el tema, si lo que lo apasiona es el cine, que entre otras cosas es la extensión de la literatura, búsquese un texto de cine.

Libros, textos y autores hay de todo y para todos los gustos. Pero primero pregúntese qué es lo que le gusta, qué quiere saber, qué quiere conocer. Cuando lo haga, con toda seguridad tendrá de quién enamorarse.

viernes, marzo 09, 2007

Transmilenios y otras "peñalosadas"

Foto:By jandiro
Durante los últimos días me han llegado varios correos electrónicos en los cuales me invitan a hacer parte de la protesta que se tiene planeada para el próximo 12 de marzo y que consiste en no utilizar el Transmilenio para desarrollar lo que han llamado el "Día sin Transmilenio".

No puedo hacer parte de la protesta simbólica porque, la verdad, nunca utilizo ese sistema que, como ya he dicho, se quedó corto frente a la demanda de pasajeros que diariamente tiene. Sin embargo, la construcción del metro es una necesidad prioritaria y el Transmilenio debe ser complementario, por lo tanto, si la ciudadanía está inconforme con ese, dizque, sistema masivo, pues es libre de hacer esas y todas las protestas que quiera, siempre y cuando estén enmarcadas dentro de la ley y sean pacíficas a toda costa.

De manera pues que como la gente ya se cansó de que la atropellen en esos buses que no ofrecen un buen servicio, la invitación es, de nuevo, para que piensen bien lo que van a hacer el próximo mes de ocubre cuando elijamos a nuestros alcaldes, concejales, ediles, diputados y gobernadores.

Aquí en Bogotá ya se demostró que los que quieren gobernar como si estuviéramos en Suiza, llámese Peñalosa, deberían más bien irse para Berna y proponer sus "maravillas" en esa capital a ver si ahí sí les paran bolas y no acaban con el comercio, la industria y los carros particulares en nuestra ciudad.

Deberían instalarse allá para que puedan montar todos los días en bicicleta y para que sus sueños de concreto se hagan realidad. En colombia no necesitamos sólo muros, hay que pensar más en la gente y no tanto en embellecer una ciudad a costa de invertir millonadas que podrían ser destinadas para otros asuntos como el empleo, la seguridad y la movilidad.

La última "Peñalosada", es poner en funcionamiento el Tren de Cercanías. ¿Será doctor Peñalosa que por fin se dio cuenta de que su monumental Transmilenio se le quedó chiquito y por no dar pie atrás con lo del metro, ahora propone lo que muchos otras ya propusieron?

Perro viejo late echado, dicen por ahí, y la ocurrencia no es más que una argucia política que ahora los medios van divulgar como si fuera otra de sus maravillas.

Por otro lado, les cuento que también he recibido un correo que me invita a leer la página web, www.drgdiaz.com , en ella, en la parte de actullidad, se muestran unos datos realmente valiosos sobre la poca eficacia del Transmilenio y unas estadísticas sobre la contaminación en Bogotá. Dénle un vistazo y encontrán que todo lo que brilla no es oro.

lunes, marzo 05, 2007

Movilidad... ¿sin límites?

Ya se sabía, lo de los bombos y platillos con los cuales se anunció el cambio de la Secretaría de Tránsito por la de la Movilidad, sólo fue una alharaca que hasta ahora, no ha producido ningún resultado positivo.

Todavía se siguen presentando los mismos problemas de siempre: abusos de las grúas, que se roban vehículos como forajidos de las mejores organizaciones, trancones, buses, busetas, colectivos y taxis piratas, semáforos donde no se necesitan y falta de ellos en sitios clave, según informa hoy El Tiempo, y lo que faltaba, hasta la tecnología les quedó grande.

Va uno a imprimir el formulario sugerido de impuestos para vehículos en la página de la Secretaría de Hacienda Distrital, incorpora los datos que se piden y luego sale una ventanita que dice que no hay formulario sugerido. Vaya, vaya.

Es posible que la nueva estrategia de la “gran” Secretaría que se anunció, sea ahora la de ponernos a todos a diligenciar formularios, a mirar tablas o a contratar a algún experto para que nos liquide la cuentica, no vaya y sea terminemos regalando nuestro dinero a esa entidad que por lo que se ve, ni fu ni fa.

También es posible que como experto de las Leyes de Murphy que soy, únicamente me haya sucedido a mí ese caso, lo cual no es de extrañarse, máxime cuando he emprendido una campaña en contra de la persecución a los carros particulares promovida por Peñalosa, Garzón y demás. Estamos en Colombia, vaya uno a saber.

De todas formas, de ser así, les estaré contando, pues envíe una queja a través de la página http://www.shd.gov.co/ con el fin de poder obtener mi formulario vía Internet o a través de correo certificado. Vamos a ver cuándo me responden. Amanecerá y veremos.

Por otro lado he de contarles que la semana pasada tuve un contacto virtual con la senadora Piedad Córdoba quien se mostró muy interesada, a raíz de mi anterior artículo, en todo lo que tiene que ver con esos asuntos ambientales. Parece ser que la poca eficacia de las medidas como los días sin carro y demás espectáculos circenses, llamaron la atención de la senadora. Quiero pedir a mis lectores la colaboración para ayudar a Piedad, ojalá ella nos ayude a no tener que huirle a los policías de tránsito como si fuéramos malandrines de poca monta, por el hecho de tener un vehículo particular, en vez de verlos, a los policías, como colaboradores de la ciudadanía. Creo que una buena forma de ayudar, sería apoyando una campaña que termine “aplastando” políticamente a Peñalosa antes de que él lo haga con nosotros.

Le conté a la senadora Piedad que mi aspiración es llegar al Concejo de Bogotá a ver si desde allí podemos mover , pero de verdad mover, a los capitalinos para solucionar los problemas que hoy por hoy nos afectan. Aún estoy esperando la respuesta a ese mail, doctora Piedad. Me preocupan tres frentes: por supuesto, el de la movilidad, el segundo tiene que ver con el empleo y el tercero con la seguridad.

Fíjense que si le prestamos real interés al primer punto, podemos llegar derechito a una buena propuesta de empleo a largo plazo. Por ahora no les cuento más porque gentecita que se roba las ideas es lo que sobra.

Y en cuanto a lo de la seguridad también tengo algunas propuestas. Lo primero es autorizar de una vez por todas los cerramientos de los conjuntos residenciales. Estos no deberían existir, pero mientras el Estado no nos proporcione tranquilidad, una valiosa estrategia es adecuar, con todas las normas, con toda la estética, y claro está, cumpliendo la ley, las cercas, o las mallas o lo que sea, sin llegar a situaciones extremas como las de taponar calles o carreras, por ejemplo.

Otra cosita. Hay que tumbar todos los bolardos del señor Peñalosa y además volver a implantar las zonas azules.
Bueno, por hoy me callo. Espero poder aportarle a la ciudad desde mi profesión y mi experiencia, pero tal y como se lo comenté a la Honorable Parlamentaria, como no tengo padrinos, pues estoy buscando un aval. Cualquier cosa, en la columna de la derecha está el correo.

martes, febrero 20, 2007

Colombia: país de amnésicos






“El invento del ex alcalde Peñalosa le ha valido $63 mil millones al comercio y
a cada gasolinera 20 millones por año. Ni las gangas mueven la ciudad” .

(Periódico Hoy. 2 de febrero de 2007).

Este parece ser el balance del Día sin Carro desde el punto de vista económico. Porque si vamos a hablar del medio ambiente, tenemos la siguiente perlita:


“17,9% más del temido PM10. La jornada demostró que sacar los carros de las vías
no reduce la contaminación más peligrosa”.


(El Tiempo. 2 de febrero de 2007).

Hay quienes creen que la campaña que he propuesto desde este blog tiene como fin un mero interés personal y que desconozco el bien común y me mueve más el particular. Pues déjenme decirles que muy por el contrario, soy respetuoso de las opiniones divergentes y desde luego, lo que me anima es que entre todos construyamos una ciudad mejor.

Para ello debemos hacer consensos y en pro de la consecución de ese propósito, enfriar nuestras cabezas, dilucidar con claridad, conversar con altura y contradecir con argumentos, cosa que al parecer han olvidado algunos de nuestros magnánimos gobernantes durante los últimos días.

No se trata de ser radicales ni de cerrarse a la discusión. Pero tampoco se pueden dejar pasar por alto algunos pronunciamientos un tanto traídos de los cabellos. Ni más faltaba que ahora se diga que como niños ricos defendemos el carro y el pueblo que aguante las porquerías de un servicio de transporte público cada día más malo, ineficiente y corrupto en el fondo de sus entrañas. Eso, señores, es precisamente lo que no queremos. El día que nos pongan un servicio digno de seres humanos y no de animales de matadero, pues dejamos el carro en la casa, nos evitamos seguir enriqueciendo a quienes realmente lo son, pagando sobretasas a la gasolina y demás impuestos absurdos, evitamos el desgaste de nuestros vehículos, nos movilizamos con la dicha de tener un conductor, nos olvidamos de manejar en una ciudad llena de huecos, en fin, contribuimos, como ya lo venimos haciendo, al mejoramiento de la movilidad en Bogotá.

Pero por ahora, colaboren los transportadores y los dirigentes, sacando de circulación unos y haciendo cumplir la ley los otros, a todos esos vehículos que transitan sin permiso, a todos esos taxis piratas, como se descubrió hace poco en Cali (en la capital también sucede), a todos los colectivos que viajan a Bosa, Soacha, Suba, o Fontibón con deterioros que saltan a la vista. Nosotros somos conscientes de que un vehículo en mal estado es un riesgo para la seguridad de sus ocupantes y de los demás ciudadanos y para el medio ambiente, pero no admitimos, de ninguna manera, que se hagan revisiones a nuestros carros de una forma pensada sólo para que circulen vehículos de menos de diez años. Un automóvil viejo bien tenido, sea el modelo y la marca que sea, tiene derecho a utilizar la malla vial y a circular como un último modelo.

Ahora, si se trata del calentamiento global, de la contaminación y demás daños que se están viendo en nuestro planeta, luego de los inventos del hombre, mayor depredador del universo, aquí va la otra joyita:

“Aunque durante la novena versión del ‘Día sin Carro’ las emisiones de monóxido de carbono se redujeron de manera drástica, la mala calidad del diesel utilizado por el transporte público colectivo elevó considerablemente los niveles de contaminación del aire”. (El Tiempo. 2 de febrero de 2007). (La cursiva es mía).

No se olviden, defensores del aire y del planeta, que no sólo los vehículos, (sin sincronizar, claro está) contaminan. Las industrias, los aerosoles, el mal uso de algunos electrodomésticos, la mala costumbre de no reciclar y el uso de combustibles de mala calidad, son, entre otros factores, los mayores causantes del calentamiento global. “A partir de la segunda mitad del s. XIX, con el inicio de la industrialización de los países, que a la postre llegaron a ser los más ricos, comenzó a desarrollarse el germen de la más grande falla de mercado que jamás se haya experimentado. Se trata del cambio climático, provocado por la concentración de los denominados gases de efecto invernadero en la atmósfera, en especial dióxido de carbono...” . ( Carlos G. Cano, Codirector del Banco de la República. Lecturas de Fin de Semana. Diario El Tiempo. 3 de febrero de 2007)

Y continúa el artículo: “El principal motivo de la generación de estos gases ha sido la proliferación incesante del uso de combustibles fósiles –petróleo, carbón y gas natural- destinados a satisfacer los requerimientos energéticos del aparato productivo. Y, en segundo lugar, tala y quema de bosques naturales”

De manera pues que a otro perro con ese hueso de que hay que sacar los carros particulares o desestimular su uso. La cuestión parece ser de otro calibre. ¿Será que hay intereses económicos de por medio? Blanco es...

Por otro lado, quienes argumentan que mi lucha es política, permítanme decirles lo siguiente: sólo quiero una ciudad mejor y si con la política lo logro, bienvenida sea. ¿Quién me avala entonces para el Concejo?

Si la cosa es política, entonces permítanme también decir otra cosita: ¿quieren bolardos, bicicletas, peajes urbanos, Transmilenios que ya no aguantan la demanda y que no caben por algunos sectores de la ciudad, ciclorrutas peligrosas y mal construidas, impuestos a diestra y siniestra, persecución al comercio, autoritarismo puro? Bueno, pues hay un candidato a la Alcaldía de Bogotá que por culpa de un pueblo amnésico va liderando las encuestas. Quien no conoce la historia está condenado a repetirla. ojo al votar.

miércoles, febrero 07, 2007

Hay que quejarse

La semana pasada realizamos una protesta simbólica por las calles de Bogotá con el ánimo de hacer saber al señor alcalde Garzón, a Enrique Peñalosa y a la ciudadanía en general nuestro desconcierto y nuestro desacuerdo, por supuesto, por las medidas abusivas y arbitrarias que nos quieren imponer a los propietarios de vehículos particulares.

He estado indagando y la mayor parte los propietarios de carros particulares considera un atropello lo de la revisión técnico mecánica, y ni hablar de los exabruptos que se encuentran en el Código de Tránsito, de los peajes en el interior de la ciudad, del aumento de la gasolina, que este mes bajó 3 pesos, pero que en el próximo subirá 27 o 30, y del “cambio de imagen” de la secretaría, que realmente cambió de nombre pero en el fondo ni fu ni fa, entre otros.

Como la idea primordial no era salir en primera página de El Tiempo, cosa que agradecemos, sino aglutinar, en un futuro, a un buen número de personas inconformes con todos estos abusos, para hacernos sentir (pacíficamente, claro está), pues vuelvo a hacer la invitación para que organicemos y creemos una Asociación Nacional de Propietarios de Vehículos Particulares. Escucho propuestas.

Por otro lado, me han llegado algunos correos en los cuales me informan de otro atropello. Según me cuentan, la empresa de telefonía celular Comcel no está siendo lo suficientemente justa con sus clientes y por ello los usuarios prepago se quejan con las siguientes palabras (ojo, transcribo tal cual me llegó el correo, con todo y errores ortográficos y de redacción):

“El minuto entre usuarios COMCEL es más costoso que en otros operadores por el mismo concepto. Nos han quitado el servicio de conocer "el saldo en minutos" situación que nos coloca en desventaja al no saber cuanto tiempo nos queda. No nos sirve saber el monto en dinero de nuestras cargas. Queremos seguir escuchando la voz femenina que nos indique cuantos minutos tenemos disponibles para realizar una llamada, rechazamos el aviso escrito al final de cada conversación.

Los usuarios de Pre-Pago también tenemos derecho a la reposición de equipos en caso de robo, perdida y daños certificados.

No más reportes a las centrales de riesgo por cuentas mínimas y sin recibir explicaciones de parte de los afectados. No es justo que si marcamos un número de otros operadores: Nacional, Mivistar y Tigo, inmediatamente nos resten un minuto de nuestro tiempo sin que al otro lado respondan.

Hasta cuando seguiremos los usuarios de COMCEL realizando llamadas que son tomadas y cobradas por minutos y no por segundos como sucede en otros paises?, ya es hora de un cambio señores.

Los usuarios de COMCEL carecemos de oportunidades y promociones efectivas, ¿que pasó con la convocatoria y las facilidades para cambiar equipos de baja por equipos de alta gama???

Estas 7 razones son suficientes para hacer una protesta; somos usuarios, consumidores del servicio celular autorizado por las Leyes colombianas pero ya estamos cansado de las injusticias sociales y el maltrato que por parte de este operador recibimos.

Ó cambian las reglas o la resistencia civil se verá cuando cambiemos de operador...

Por favor, envíe este mensaje mínimo a 50 personas usuarios de telefonía celular en Colombia (no importa si no tienen COMCEL), hágalo por patriotismo, no permita más el abuso de estas multinacionales exclavisantes. Proteste, no se arrodille más, ayude a muchos compatriotas que como usted o como yo hemos sufrido atropellos en el servicio y hasta en el pago de estos derechos...”

Como ven el descontento es grande. La verdad a mí Comcel me parece una empresa seria y con una excelente cobertura, pero no podemos desconocer su falta de atención al público y si lo que dicen quienes enviaron este correo es cierto, pues la falta de respeto para con los usuarios prepago también es enorme.

Cuidado Comcel que entre mejor se tenga a los clientes, mejores serán los resultados. Ustedes saben más de eso que yo.

jueves, febrero 01, 2007

¿Carro o zorra?


Ojalá que esta columna cale en la mente de muchos y de una vez por todas, quienes nos sentimos atropellados por el autoritarismo de ciertos alcaldes, nos organicemos y hagamos valer nuestros derechos.

En forma increíble, desde hace un tiempo los propietarios de vehículos particulares, especialmente de Bogotá, venimos siendo perseguidos ferozmente y sin ninguna contemplación. Quizás aún no se hayan implantado algunas medidas, pero ya se piensan y la verdad son preocupantes. Enrique Peñalosa debe estar feliz pues su sueño de hacernos montar en bicicleta a todos, tal y como vamos, va a hacerse realidad muy pronto.

Y Garzón, qué lástima, pues también porque definitivamente parece que no pudo solucionar el problema de movilidad y terminó haciéndole caso, frente a ese asunto, al ex-alcalde.

Está comprobado que los vehículos que más contaminan son los de tráfico pesado, es decir buses y camiones y por supuesto Transmilenio. Nosotros quienes tenemos un carro para movilizarnos a nuestro trabajo, sólo lo movemos para eso y la mayor parte del tiempo permanece parqueado y si no fuera así, quien posee carro particular, también es un ciudadano a quien se le deben respetar sus derechos.

Nosotros pagamos impuestos, cumplimos con los certificados de gases, pagamos la sobretasa a la gasolina y cumplimos con las normas que se inventan día tras día nuestros dirigentes. Por lo tanto tenemos derecho a utilizar la malla vial y a transitar, por supuesto, con responsabilidad y prudencia por las calles de Bogotá, cosas que por cierto, les hacen falta a muchos de los conductores de servicio público.

Como están las cosas, no tendremos ninguna otra opción que transportarnos en zorra para ir a trabajar, o a mercar, o a sacar a nuestras familias a pasear. De pronto es eso lo que buscan estos genios que quieren manejar la ciudad como si estuviéramos en el siglo XIX.

Por estas arbitrariedades, cuatro personas hemos pensado una protesta simbólica que consiste en transitar en el día del no carro, precisamente en uno de esos vehículos de tracción animal con una aviso que dice: “El transporte que Peñalosa y Garzón quieren”. Parece que el negocito del transporte público es tan rentable que definitivamente quieren hacernos montar a todos en esas latas de sardinas (incluido Transmilenio) para no soltarlo y por el contrario, acrecentarlo.

Varios expertos ya lo han dicho. Bogotá está en mora de poseer un metro. El Concejal Bruno Díaz parece haber estudiado el asunto y lo avala con cifras en mano. Ese cuentico de Camilo Durán, el nuevo “periodista” de Mesa de Noche en el Canal Caracol, de que el 72% de los vehículos que transitan por la ciudad, es de servicio particular no cuadra mucho. Lo que sí cuadra es que hay taxis piratas, buses piratas, incumplimiento de la ley en cuanto a la chatarrización de buses y busetas y sobre todo, una mina de oro con esos buses rojos.

Las medidas que se nos vienen no son cualquier lagaña de mico. Por ejemplo, lo de la revisión técnico-mecánica es otro negocio bien montadito y en un tiempo una fuente de corrupción peor que la de Álamos hace algunos años con la tal calcomanía.

Nadie dice que es responsable ni serio transitar con vehículos en mal estado, pero de ahí a que no se les permita hacerlo porque tienen rayones o una lata golpeada que no reviste peligrosidad para nadie, o soldaduras inofensivas, es francamente un abuso. Independientemente de si es un último modelo o un carro viejo bien mantenido, lo que se debería pensar es en que cumplan las normas mínimas pero sin exageraciones absurdas que sólo pretenden llevarnos a todos a comprar carros nuevos cada dos años. Peñalosa, Garzón, ¡NO ESTAMOS EN SUIZA!

Desconozco si en la actualidad existe, pero si no, sea esta la ocasión para crear una Asociación Colombiana de Propietarios de Vehículos Particulares a ver si unidos nos respetan así como lo han hecho con Apetrans o con las compañías de taxis que sin sonrojarse han hasta trancado las vías. Nosotros somos más pacíficos, pero no por eso idiotas.

jueves, noviembre 30, 2006

¿El poder para qué?


Increíblemente decepcionado y con algo de nostalgia por la imagen perdida de un hombre maravilloso al cual tuve la dicha de conocer de cerca hace algunos años, cuando trabajaba en Fecode como Jefe de Prensa y él como presidente de la CUT, me encuentro hoy, al ver la indignante arrogancia con la cual ese líder, al que admiraba, enfrenta el problema de la movilidad en Bogotá.

Represión y más persecución a los dueños de vehículos particulares, represión que él mismo detestó en sus épocas de sindicalista y que hoy ejerce desde su despacho en la Plaza de Bolívar imitando a quienes tanto criticó.

Lo recuerdo como una persona seria, sensata, siempre dispuesta a negociar y bastante centrada en los momentos duros. Su izquierda política siempre jalonó hacia el centro y la radicalidad de algunos era realmente revaluada con argumentos coherentes y brillantes. Me quitaba el sombrero cada vez que lo veía pasar o llegar a las múltiples reuniones en las que estuvimos juntos. Creía, en ese momento, que la entrega y el carisma que siempre lo caracterizaron eran suficientes para poder llegar a las más altas esferas del poder.

De ese hombre no queda nada. ¡Qué lástima¡. Tal vez no lo dejaron ser quien realmente es, quizás los grandes grupos con los que se comprometió para llegar a la Alcaldía de Bogotá, terminaron manejándolo como un títere, es posible que en las entrañas del poder se muevan monstruos gigantescos y poderosos que sean quienes realmente tienen el sartén por el mango en la dirección de la ciudad.

Me niego a creer, por respeto a él, a su imagen y a su recuerdo, que sea Garzón ese hombre arrogante y arbitrario que hoy se muestra en los medios de comunicación. Lo apoyé cuando fue candidato presidencial, iba incluso a trabajar en su campaña, pero por razones que no son del caso nombrar ahora, terminé únicamente depositando el voto a su favor, defendí su imagen y sus carisma ante muchos, defiendo hoy lo que muchos no ven, su trabajo incansable por los desvalidos, resalto y aplaudo su campaña “Bogotá sin Hambre”, porque aunque es un paliativo, por lo menos alimenta por tres años a quienes no tienen ni para un pan.

Pero no puedo estimular ni respaldar las decisiones que ha tomado en torno al tema de la movilidad. No es posible que seamos, como lo dije en una nota pasada, los dueños de vehículos particulares los que tengamos que pagar por las cosas absurdas que otros sectores cometen. Hablo concretamente de los transportadores piratas, de los taxistas de los paseos millonarios que andan en vehículos no autorizados para transitar, de los “zorreros” que no tienen permiso para utilizar la malla vial, de ella misma, cada vez más deteriorada en los sitios por donde no pasa Transmilienio, de ese medio de transporte que es el mejor negocio de Peñalosa y de quienes lo han sucedido en la alcaldía, del puente de la 92 y de muchas más construcciones absurdas que han servido para acrecentar el bolsillo de unos pocos pero para deteriorar cada vez más la calidad de vida de los bogotanos.

Hablo de la ineptitud no sólo de Garzón sino de Peñalosa, Mockus, y Blomberg, quienes veían crecer el problema pero no hacían nada eficaz.

En la nota pasada propuse alguna alternativa, ahora lanzo la otra: poner definitivamente en cintura a los ilegales, a los que utilizan las calles sin permiso. ¿Qué pasa, tienen miedo de aplicar la ley? No es posible que sigan transitando por Bogotá taxis, buses, busetas y colectivos piratas, no es posible que a punta de amenazas y bloqueos de la ciudad nuestro alcalde se intimide y termine haciendo lo que a los dueños de esos vehículos se le venga en gana.

Y no solamente eso, el pico y placa debe ser también de dos días para los señores taxistas. Aquí el problema no es el empleo sino la movilidad. Y también de dos días para buses, busetas y colectivos, ya suficiente dinero tienen los transportadores como para que se vengan a quejar y a sacar a relucir su manida frase del “derecho al trabajo”.

Otro detalle que nadie ha denunciado es que la Policía de Tránsito es la mayor responsable de los trancones. Mire usted y encontrará que donde hay un policía siempre existe un nudo vehicular. Desautorizan los semáforos, hacen retenes que ocupan hasta dos y tres carriles, hacen estacionar cualquier carro en la mitad de la vía y ni qué decir de los ladrones de cuello blanco, o bueno de cuello negro, porque la verdad así permanecen, de las grúas. Son unos abusivos, insolentes, ladrones, quienes con la anuencia de la Secretaría de Tránsito se roban los carros, sí, así literalmente, se roban los carros dizque mal estacionados, a veces donde no hay señales de prohibido parquear, para llevarlos a los patios en donde existe otro negocio igual de corrompido que el que el que tienen montado en esa secretaría que entre otras cosas, si la situación sigue como va, sólo va a cambiar de nombre pero en el fondo, seguirá siendo un nido de ladronzuelos casi similares a los del Congreso.

Seguiré pensando en cómo sacar del atolladero a Bogotá, mi ciudad, a la que amo y respeto, y publicaré cada idea que se me ocurra así a muchos les cause risa. Pero por ahora Lucho, piense realmente para qué es el poder y por favor no permita que la gente siga hablando mal de usted. Creo que no se lo merece.

Para la muestra, el siguiente comentario que transcribo tal cual ( con errores y todo) y que encontré en El Tiempo.com el día de ayer.


“Por Ana56 - MIÉ 29 NOV 2006 04:19 PM.
Este alcalde no piensa que dentro de tener una mejor clase de vida, esta incluido tener una moto o al menos una chachara de carro para poder sacar a pasear con la pinta dominguera a la suegra y al perro? ahora que el alcalde tiene toyota con guardespaldas se le olvido sus anos en los que andaba con zapatos rotos haciendole mandados a las ninas del Santa Fe, pero con infulas de algun dia llegar a hacer alguien y tener un carro o al menos una pinche de moto? piensa que para mantener un poco de orden en el castratofico caos vehicular, debido a la falta de infraestructura y planeacion de esta disque metropolis, hay que acabar con la esperanza de miles de ciudadanos de tener la oportunidad de tener un medio de transporte? en verdad esta orinando fuera del tiesto”.

miércoles, noviembre 15, 2006

El pico y placa personal


No hablaré hoy de política sino de un tema que preocupa cada día más a los bogotanos: la movilidad. Como muchos se han acercado y me han dicho que soy muy pesimista, pues a continuación haré unas locas propuestas para ver cómo sacamos entre todos a nuestra capital del atolladero horrible en el que nos han metido desde Peñalosa hasta Garzón.

Hace unas semanas se publicó un artículo en el periódico El Tiempo sobre la posibilidad real de ejecutar un novedoso plan que consiste en restringir la circulación no de carros ni de motocicletas sino de personas, una vez a la semana.

He estado pensando en la idea y la verdad ante tamañas redadas y encerronas a las cuales nos vemos sometidos quienes, con el sudor del trabajo, tenemos la dicha de poseer vehículo particular, me ha parecido una excelente propuesta digna de ser estudiada y analizada por quienes toman las decisiones.

Como siempre ocurre, es posible que a nuestros dirigentes no les convenga por equis o ye motivo y que por supuesto no la implementen, pero sería bueno que por lo menos pensaran en sus enormes ventajas y beneficios y que a la luz de la equidad y del bien común la tomaran en serio y sopesaran sus pros y sus contras.

Veamos: implementar la medida, para que funcione, significaría que por lo menos el 50% de las personas que se movilizan diariamente dentro de la ciudad no lo hicieran, lo cual, como bien lo dice el artículo del periódico, no significa que dejen de trabajar, pues de una manera u otra las empresas deberán asignar tareas a quienes permanezcan en sus hogares, incluso no es estrictamente necesario que el trabajo sea, como se propone, mediante el uso de computadores o teléfonos, todo depende, claro, de las funciones y las clases de trabajo que cada uno tenga.

Hasta ahí está muy bien, lo problemático viene cuando se piensa en cómo controlar la no circulación de ese 50% de la población. Lo primero que se me ocurre es que las empresas, internamente, determinen quiénes no van durante determinados días y de manera responsable, cada una de esas personas no transiten y se dediquen a ejecutar, en sus casas, la tarea asignada.

Otra forma, un poco menos voluntaria, podría ser algo así como un “toque de queda” de acuerdo con el número de cédula, para lo cual habría que hacer un estudio estadístico riguroso de cuántas personas y cómo quedarían cobijadas por la medida.

Quizás, no permitir que un ciudadano, cuya cédula termine en 1, se movilice el día lunes, por ejemplo, y otro cuya cédula termina en 2, el martes y así sucesivamente, logre descongestionar las vías, reduzca el uso del carro particular y de servicio público y despeje la ciudad.

Por supuesto que todas estas son ideas “locas” que hay que estudiar con aplomo y por supuesto, también, que los problemas que se generarían habría que analizarlos. Qué pasa con quienes viven del día a día, con los estudiantes, con los taxistas, con quienes ingresan a la ciudad.

Hay mucha tela de donde cortar, pero repito, la idea no es tan descabellada como las propuestas que acabo de hacer. Pensemos en algo que descongestione la ciudad diariamente sin que seamos siempre los propietarios de automóvil los que pongamos la mayor parte y de paso, sigamos acrecentando el negocito del Transmilenio que, valga decirlo, ya se quedó pequeño y en vez de solucionar un problema está generando muchos más.

jueves, octubre 26, 2006

¿Para qué es un blog?


Muy complacido estoy con las críticas de muchas personas y también con los espaldarazos de felicitación de otras, por la publicación de este blog. De eso creo que se trata el asunto, de poder opinar y de poder debatir con altura esas opiniones que se emanan desde este medio de comunicación, tal y como aparece en su cabezote.

Afortunadamente estos medios tecnológicos nos dan la oportunidad de poderle llegar a muchos y afortunadamente, también, brindan la opción de retroalimentar a los autores de los textos de manera inmediata.

Los comentarios son, sin duda, una excelente vía para conocer lo que otras personas piensan sobre lo que uno dice. El Informante hasta ahora está en proceso de construcción, de crecimiento, de diseño y claro que aún no tiene un inmenso público lector, pues por su juventud y por estar realizado por un simple periodista independiente y profesor universitario, quizás no genera la gran expectativa que podría desencadenar un columnista del Le Monde Diplomatique o de el Miami Herald. Pese a lo anterior, gracias a Dios no me estoy leyendo solo.

Sin embargo, encuentra uno en círculos sociales cuando le hablan del blog cosas tan absurdas como risibles del tamaño de la siguiente apreciación: “qué tal un blog en donde sólo escriba usted”. Obviamente uno queda sorprendido de semejante despropósito. Pues claro que en mi blog sólo escribo yo, lo cual no indica que se le cierren las puertas a distintas opiniones, pues como ya lo anoté, para eso están los comentarios.

Blogs hay de todos y para todo. Si usted quiere uno de deportes pues entra a eltiempo.com en donde los bloggers deportivos pululan, si quiere uno de sexo pues basta con leer a Sofía Acalantide también de El tiempo, si lo que desea es uno de política pues lee a Felipe Zuleta en Blogspot.com, en fin si lo que realmente le apasiona es ser más uribista que José Obdulio Gaviria y quiere hacérselo saber al mundo, pues qué está esperando cree uno y opine a su antojo.

Yo no me considero ni uribista ni antiuribista, únicamente comento lo que desde mi óptica de ciudadano y de periodista puedo observar. Cuando nuestro presidente me demuestre a mí, como parte de este país, que merece una nota de congratulación, la haré sin pensarlo dos veces, pero mientras siga dándome cuenta de que con la manera de manejar el país nos lleva directo a al despeñadero, no tendré otra alternativa que seguir opinando en su contra así a muchos les produzca escozor.

Para eso cree este blog. Para poder divulgar mi pensamiento sin estar casado con un gran medio en donde, pese a los defensores del televidente y de los lectores, las cosas se siguen publicando sin mostrar verdaderamente la realidad. O si no que con toda franqueza muestren quiénes participaron en la encuesta que con un 60% apoya la decisión del presidente de rescatar por la vía militar a los secuestrados. Yo personalmente he hablado con varia gente y no todos están de acuerdo y no es ese 40% restante. La realidad de la calle parece ser una totalmente distinta a la que devela la encuesta de marras en los medios.

Qué esperan entonces amigos y detractores. Envíen comentarios o publiquen un blog, pero dejen de decir solapadamente ridiculeces como las que ya mencioné. De todas formas gracias a todos, menos mal ya están hablando de mí.

viernes, octubre 20, 2006

El país del sagrado corazón de Uribe

Execrable, repudiable y absurdo lo del atentado de ayer en el Cantón Norte de Bogotá.

Quienes lo perpetraron no merecen más que el rechazo y la condena pública tanto en el ámbito nacional como en el internacional, además de la persecución implacable y su justo castigo. Pero de ahí a que salga de un hombre de Estado, que es lo que debería ser Álvaro Uribe, un discurso cargado de errores, producto de un corazón herido, hay una brecha incalculable que puede ser más perjudicial que la misma bomba de la Universidad Militar.

Si la prueba reina de que fueron las FARC las autoras de ese hecho criminal es la interceptación de una comunicación entre el autor material y el Mono Jojoy, supuesto autor intelectual, pues entonces el gobierno está en mora de capturarlos. ¿Acaso no fue esa la herramienta que se utilizó para encontrar a Pablo Escobar?. El gobierno desde hace años sabe dónde están los que buscan. ¿Qué pasa, no les interesa someterlos a la justicia?

La cooperación internacional, si realmente la hay, debería centrarse precisamente en esa ayuda para encontrar, en cualquier territorio, a esos que el mismo presidente llama cobardes y fantoches.

Lo menos que debe hacer un jefe de gobierno ante una situación como la ocurrida, es apresurarse a tomar medidas aún con la cabeza caliente y con el pecho abierto. Ese es quizás el gran error.

Todos saben que el país no está en paz. El conflicto interno está lejos de solucionarse. Por lo tanto, esperar que cesen las hostilidades y que los muertos diarios de nuestra eterna guerra desaparezcan de un momento a otro, es también un absurdo que no le cabe en la cabeza a alguien.

Uno no llega acuerdos con los amigos sobre temas trascendentales, porque se supone que si son amigos, en lo fundamental no hay discrepancias. Una verdadera negociación de paz se hace con el enemigo y de él no se puede esperar más que ataques. De manera pues que la respuesta a este atentado no debió haber sido una alocución tan populista y sedienta de venganza sino un golpe militar igual o mayor, es decir, una captura, un golpe de mano a cualesquiera de los frentes guerrilleros o un endurecimiento en la Política de Seguridad Democrática, que como ya lo he dicho en otros artículos, es un adefesio que va a terminar, si no matándonos a todos, sí dejándonos en un país peor de violento y corrupto, pero es lo que tiene el gobierno para repeler a sus enemigos, estamos en guerra señor presidente, qué le vamos a hacer. No pida que no haya atentados, la paz se consigue en medio de las balas o si no que razón tendría una negociación.

Imperdonable la falta de seguridad en lo que dicen es el corazón de la milicia en nuestro país, tal y como lo dijo el vicepresidente Santos. Pero imperdonable también que ahora sean los secuestrados los que vayan a pagar el plato roto.

Ya se estaban haciendo acercamientos entre el gobierno y las FARC para un intercambio humanitario pero luego del carro bomba, todavía sin una contundente prueba en contra de ese grupo guerrillero, la orden de Uribe es rescatarlos a sangre y fuego. Los condenaron a muerte dijeron sus familiares, nos condenaron a todos digo yo, pues si no se negocia, como le he insistido, la zozobra, los atentados, las bombas, los secuestros, seguirán reinando.

Presidente usted puede ponerse muy bravo, pero ese mal humor no nos puede llevar a todos a la destrucción. No se preocupe que así usted salga del gobierno en el 2014 o en el 2018 las encuestas lo van a favorecer. Colombia es un país que se enamora del populismo, usted ya convenció con esa estrategia a la gran mayoría, pero no puede seguir haciéndolo con una cosa tan seria como la seguridad. Recapacite, cálmese, relájese y actúe sin acaloramientos, seguro que todos se lo vamos a agradecer.

Ojo colegas periodistas y directores de noticieros, si Raúl Reyes es la vedette de los medios, como lo dijo Uribe, posiblemente la persecución ya no vaya a ser sólo contra ese individuo sino también contra nosotros.

lunes, octubre 09, 2006

¿Está emulando a Pastrana el presidente Uribe?


Una de las banderas de la primera campaña presidencial del doctor Uribe fue la seguridad democrática, su discurso se centró en la guerra frontal a la guerrilla y a la consecución de la paz a través de la vía armada. Es decir guerra total para parar la guerra. ¡Vaya paradoja!

El discurso convenció a la inmensa mayoría que terminó eligiéndolo para que después del fracaso del Caguán, se acabara de una vez por todas con las Farc y se le diera la estocada final a un conflicto interno de más de cincuenta años.

Convertido en un héroe nacional, Uribe invirtió millonadas en la Fuerza Pública, destinó del presupuesto nacional un gran porcentaje a mejorar las condiciones de los militares y de la policía y a equiparlos con mejor armamento y mejores herramientas para el combate.

Luego de estos cuatro primeros años, lo que se hubiera podido invertir en salud y educación, se perdió por cuanto los resultados esperados aún no se ven, ni se vislumbran por ningún lado.

Ahora, en los albores de un nuevo mandato, le dio al presidente Uribe por negociar y si es el caso, reunirse con “Tirofijo” o con Raúl Reyes, quizás con ganas de tomarse también una “fotito” muy abrazado con alguno de los dos.

Lo del abrazo pues es lo de menos, lo que realmente no encaja dentro de lo que ha pretendido mostrar nuestro mandatario es que haya criticado vehementemente a su antecesor y ahora esté a punto de hacer lo mismo.

Tal vez Pastrana tenía la razón, pero nadie le entendió. Acabar con la guerra a punta de balas es un error craso que termina deteriorando todavía más las condiciones de vida de la población civil.

El único camino sano es el diálogo del cual deben surgir las condiciones para que realmente haya justicia social en este país, lo que a la postre repercutiría en una paz sólida y permanente.

¿Se dio cuenta Álvaro Uribe que a Pastrana, pese a sus errores en otros frentes, se le engañó pero que sus intenciones eran buenas?. ¿Recapacitó y entendió que matándonos entre todos no podemos construir nunca un país mejor?

Ojalá en estos próximos cuatro años también caiga en la cuenta de lo esencial que es invertir en educación, de lo justo que es darle a la ciudadanía unas buenas condiciones laborales y también unos servicios de salud dignos, de lo importante que es pensar en cómo se redistribuye la riqueza y de lo fundamental que sería, de verdad, combatir la corrupción y el clientelismo, los cuales también prometió erradicar pero a los que está, según hechos recientes, entregado en cuerpo y alma.

miércoles, septiembre 27, 2006

¿Cuál será el destino de los 2.100 millones de dólares?

Luego de conocerse el acuerdo al que llegaron los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela con la justicia de los Estados Unidos, quedan algunas dudas si no de forma sí muchas de fondo.

Como primera medida, hay que compartir las palabras del Fiscal General de la Nación en cuanto a que definitivamente la decisión que tomaron los ex capos, era la más sensata, pues aparte de asumir sus responsabilidades, pensaron en el futuro de sus familias y les evitaron la tragedia que tuvieron que vivir, por ejemplo, la esposa y los hijos de Pablo Escobar a quienes les cerraron las puertas en casi todos los países.

Pero la celebración se puede opacar si analizamos detenidamente, y siendo realistas, los pormenores y los trámites que vienen luego del acuerdo.

Muerto Escobar desde hace trece años, esta es la hora en la que aún faltan por finalizar procesos de extinción de dominio en contra de sus herederos, según lo publica hoy El Tiempo. Mientras tanto, ¿Qué ha pasado con todos los bienes que todavía no se han legalizado?, ¿siguen siendo de la familia Escobar y por lo tanto, siguen sacando provecho de ellos?

No estaría mal, pero el manto de duda, como siempre, recae sobre el gobierno, sobre la Dirección de Estupefacientes y sobre aquellos a quienes compete llevar a cabo el proceso.

En pocas palabras, la ley colombiana caracterizada por la libre interpretación, por el acomodo, por la improvisación y por su exceso de trámites, debería dejar de ser para los de ruana y en lugar de aplicársele toda a ellos, podría tenerlos en cuenta, por ejemplo en estos casos en los cuales hay mucho dinero por “repartir”.

¿Qué pasó con la Hacienda Nápoles, con sus animales y sus tierras?. ¿Quiénes la están disfrutando?. ¿Hay desplazados en ellas?. ¿Se piensa, cuando están en juego millones de dólares, en invertirlos en función social?

Aquí, como es costumbre, pasa de todo. Incautan una avioneta llena de droga y en lugar de ponerla al servicio de la Cruz Roja o de la Aerocivil o qué sé yo, la queman, como quemaron los soldados de la guaca, miles de billetes porque no les cabían en sus morrales.

No es de extrañarnos ahora que, una vez entregadas la propiedades de los Rodríguez Orejuela, todo el dinero que representan, termine destinado a aumentar el sueldo de los congresistas o de los altos funcionarios del Estado, o como parte de los recursos “necesarios” para la desmovilización de las autodefensas.
Hay que pensar, si realmente se tiene voluntad y anhelo de una verdadera política social, en los muchos beneficios que traería para una población cada vez más pobre, el buen uso de esos 2.100 millones de dólares que devolvieron los Rodríguez.

martes, septiembre 19, 2006

De la Fiscalía y otros folklorismos

La verdad no sé por qué dio tanta grima el supuesto escándalo de la Fiscalía General de la Nación la semana pasada. Al psíquico lo hicieron ver como un criminal y lo único que falta es que le dicten medida de aseguramiento.

No es que crea en clarividentes, en brujos o en hechiceros, ni que los defienda. Ni más faltaba, pero si uno contrata a un médico lo menos que espera de él es que le ayude a tener una mejor salud. Qué se podía esperar entonces del trabajo de un mentalista.

Martí estaba haciendo su trabajo, para eso le dieron vía libre y por eso le estaban pagando. El verdadero problema del caso es la falta de seriedad de una institución que se supone debería ser una de las más rectas dentro de todas las del Estado.

Lo que da risa es que ahora vengan a decir que todas son serias. Se rasgan las vestiduras con el mencionado caso pero les parecen magníficos los espectáculos bochornosos del Congreso de la República , los fraudes millonarios en entidades públicas (ISS o Foncolpuertos, por tan sólo citar dos), un vicepresidente hablando de un mundial de fútbol en nuestro país, dos expresidentes pisoteando la imagen de Colombia en el exterior, Álvaro Uribe solucionando los problemas particulares de la gente en sus famosos consejos comunitarios, los partidos políticos repartiéndose las prebendas y los ministros del despacho imaginándose uranio debajo de las bicicletas de Hugo Chávez.

Definitivamente la razón y la sindéresis son convidados de piedra entre los que solemos llamar nuestros líderes.

Al cabo de un tiempo, el caso de Armando Martí pasará al olvido, el Fiscal Iguarán será uno de los mejores funcionarios del Estado, los congresistas, figuras ilustres del acontecer nacional, nuestro vicepresidente un héroe de enmarcar y por supuesto, Uribe nuestro presidente hasta el 2014.

No se trata, de ninguna manera, de no reprochar toda esta falta de seriedad. Claro que hay que hacerlo, pero de ahí a llamar tales despropósitos como escándalos nacionales, hay un amplio trecho.

Escándalos la no viabilidad fiscal, según un informe reciente del propio Ministerio de Hacienda, de un departamento como el Chocó, sumergido en el hambre y la pobreza, escándalo el bombo y los platillos que suenan por un secuestrado en Afganistán cuando en Colombia tenemos más de un millar en las selvas desde hace varios años, escándalo el cierre del Materno Infantil. Grotesco y escandaloso el manejo del erario público, que se centra en sueldos millonarios y descuida la cada vez mayor pauperización de la sociedad. Y ni qué decir de la reforma tributaria, pero bueno, tal vez sea ese el tema de una próxima columna.
Por ahora y para poner punto final a este folklor, sólo resta recomendar que se le dé importancia a temas verdaderamente espinosos y de interés nacional, es decir del interés de todos. Lo del Psíquico no es más que el resultado de un país que vive de fiesta en fiesta y de reinado en reinado, eso, sin contar con el fútbol, al cual, obviamente, debe dársele su espacio con justa proporción.

miércoles, septiembre 13, 2006

Hay cosas que no se ven desde el Palacio Liévano

Encerrados en su laberinto

Desde el encierro del poder la calle, la manzana, la cuadra, el barrio, sucumben en lo más profundo de la indiferencia y en lo más lejano de la reconciliación.

Por supuesto que hay una ciudad oculta. Esa que no se ve o que no se quiere ver, esa que se olvidó o que se transformó en el imaginario de pocos. La ciudad real y no la virtual, la de delincuentes y ladrones, la de homicidas y violadores, la de paseos millonarios, la de pandillas, guerrillas y “paras”. Esa ciudad de confrontaciones e inconformismos conjurados con amenazas y dirimidos con prebendas.

Claro que hay una ciudad oculta. Ahí está. ¿No la ven? Es esa en la que vivimos concejales y ciudadanos, esa en la que vive (¿o vivió?) quien ostenta, hoy por hoy, el puesto que conduce al solio de Bolívar.

En lo más profundo del idealismo la ciudad se ve maravillosa, enorme, fabulosa, rica, poética, artística. Se oculta la zozobra, el robo de vehículos y el asalto a residencias. No se ve la inseguridad, no se siente miedo, no se acaricia la muerte ni se juega con la vida.

En esa ciudad, esa que dicen vive muy cerca de las estrellas, se logra su resplandor y la luz que de ellas se refleja, nos evoca las historias del más allá, en donde el túnel tenebroso y misterioso del fin de la existencia termina con la espléndida brillantez de Dios.

No podemos vivir mejor. En esa urbe de Peñalosas y Garzones, el paraíso es tan sólo el camino hacia el encuentro divino. Quizás el TransMilenio sea el medio para poder llegar. O quizás la “mancha amarilla” nos abrace y nos conduzca a esa exquisitez.

Mientras tanto, mientras eso sucede y mientras las mentes iluminadas de quienes nos representan en los más altos cargos públicos perduren con su loco esplendor, quienes vivimos sin escoltas, quienes caminamos para poder decir sin el peso de la incertidumbre: “gracias a Dios regresé a casa”, tendremos entonces sólo un remedio, recoger nuestra nostalgia, dejar de añorar lo que otros creen que existe y seguir con el peso del miedo en una vida citadina contagiada por el no sé, el quién sabe, el de pronto; una vida llena de fe.

Que quiten los cerramientos en los conjuntos residenciales. Todo debe ser público, el espacio, el transporte, los parqueaderos, los espectáculos, los hospitales, pero que lo hagan sólo cuando los cerramientos mentales y los que cubren las instalaciones del poder se derrumben, caigan como cayó el muro de Berlín y la estatua de Hussein, sólo cuando desde el encierro del Concejo y la Alcaldía se descubra que la ciudad no es lo que nos quieren hacer ver, que en ella hay muerte, sufrimiento y dolor; caos y angustia. Cuando se entienda que las murallas o los alambres que nos rodean, son, por ahora, nuestra salvación en una Bogotá insegura y sitiada por la delincuencia.
Claro que hay otra ciudad. Pero créanlo, no es la que sueña y habita Peñalosa ni la que quiere ver Garzón. Hay muchas ciudades en una sola, claro que sí, ciudades ocultas, fúnebres, crueles, frías, despiadadas, violentas, indiferentes, clandestinas, agobiadas, moribundas, dantescas, escalofriantes, relegadas, deprimidas, desiguales, imprudentes, tenebrosas. ¿Quieren conocerlas?. Es fácil. Tan sólo permitan que tumben sus cerramientos.